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¡Disfrute un fin de semana en Cartagena!

Aún no me he bajado del avión y ya observo el majestuoso paisaje que sobresale desde las alturas de Cartagena de Indias. Mientras el piloto anuncia el aterrizaje y nos augura una muy buena Semana Santa, en mí comienzan a despertarse unas ansias por conocer la historia que encierra.

Cartagena es una ciudad para descubrir, mientras recorremos sus calles y nos vamos integrando a cada faceta que ofrece, como sus playas, sus tardes, su bahía, sus monumentos y, por supuesto, su gente.

El mapa de la guía turística Dónde fue el ideal para armar mi propio tour. Por experiencia les digo que fue emocionante, ya que la ciudad está llena de tesoros que, como visitantes, vamos descubriendo a medida que se explora. Con una botella de agua, ropa cómoda, gorra para el sol y una cámara fotográfica, inicié mi aventura en el Centro Histórico.

Jueves

12:30 p.m.

Un buen almuerzo me dio la bienvenida a la ciudad. En el centro amurallado, precisamente en la Calle Santo Domingo, encontré el restaurante La Cocina de Cartagena. Allí me dejé seducir por una muestra de comida caribeña: langosta, arroz de coco, camarones y pescado. Que excelente alternativa. El sitio me fascinó por su romanticismo, al igual que su ambiente, exquisito y de buen gusto.La Cocina de Cartagena3:00 p.m.

He captado cientos de lugares y momentos inolvidables, pero aquí la vida es demasiado hermosa. Por amor al arte decidí recorrer los museos. Al llegar a la plaza San Pedro descubrí el de Arte Moderno. La entrada fue gratis y en este cálido escenario me maravillé con las obras expuestas.

A pocos pasos, andando por la Calle San Juan de Dios, dos imponentes cañones salieron a mi encuentro, invitándome a conocer los pasillos del Museo Naval del Caribe, en el cual se conserva en perfecto estado toda la cultura, la historia y tradiciones del mundo militar naval.

Las calles Santa Teresa y de la Inquisición me llevaron al museo del Oro Zenú, que protege con recelo el más bello testimonio de la cultura precolombina: manifestaciones religiosas y rituales de la vida cotidiana presentes en ornamentos y piezas de oro elaboradas a mano.

Saliendo de este museo, me contagié por la magia del parque Bolívar, lugar de árboles frondosos, pájaros tropicales y fuentes de agua. Justo al frente, me conquistó la imponente arquitectura del Museo Histórico, donde encontré una muestra contundente de las máquinas e instrumentos de tortura utilizados por los inquisidores. Pude fotografiar la garrucha, la horquilla del hereje, el aplasta cabezas, la trituradora de dedos, entre otros.6:00 p.m.

Regresé al hotel –ubicado allí mismo en el Centro Histórico- y después de descansar el tiempo necesario, caminé un poco por los alrededores, conocí más de la arquitectura de la ciudad y conversé con algunos cartageneros.

No fue mala idea, regresar a la puerta de la Iglesia San Pedro solamente a mirar las palomas, mientras los segundos pasaban sin prisa y a fotografiarme junto a las llamativas esculturas en chatarras del artista Edgardo Carmona.

7:00 p.m.

La hora de cenar recomendada supera las 7 de la noche, cuando la temperatura ya se ha apaciguado. Reservé con tiempo en el restaurante Monte Sacro, donde saboreé en un romántico balcón colonial el plato especial de la noche. Allí admiré por largo rato la majestuosidad de la cúpula de La Catedral Santa Catalina de Alejandría.Montesacro restaurante10:00 p.m.

En la terraza del Hotel Movich Cartagena de Indias, uno de los restaurante-bar de la Calle Vélez Danies, me cité con unos amigos y nos tomamos unas copas de vino disfrutando la romántica noche.Hotel Movich Cartagena Viernes

9:00 a.m.

Adentrarme en las entrañas del Castillo San Felipe fue sin duda alguna uno de los mejores planes de este día. Por el itinerario de 45 minutos cancelé 20 mil pesos y lo aproveché de principio a fin. Se trata de un fantástico recorrido por esta magnífica fortaleza que protegió a Cartagena de ataques piratas e invasiones enemigas.

Me atrevo a decir que es uno de los monumentos más visitados, por la cantidad de extranjeros que encontré a mi paso entre túneles, rampas de acceso, baterías, cañones, garitas, fuertes y puentes, y que, como yo, quedamos maravillados y atónitos con su imponencia. La vista de 360 grados que ofrece es privilegiada. Desde allí pude captar con mi cámara hermosas vistas.12:00 p.m.

Llegó la hora de almorzar y me tomó desprevenida. Pero gracias a Dios el taxista me llevó al restaurante Malanga Bistró- Caribe, un restaurante ubicado frente a la Plaza San Diego, que nunca olvidaré. El lugar perfecto si de degustar exclusivos platos con la técnica de la cocina francesa combinada con los ingredientes tradicionales caribeños se trata. Sencillamente regresaron todas las energías a mi cuerpo.Malanga-Bistro-Caribe4:00 p.m.

El recorrido por las callecitas del Centro Histórico decidí hacerlo en coche para conocer de cerca sus historias y leyendas. Por 60 mil pesos y un tour de 40 minutos, mi cochero me adentró al corazón de cada una. El recorrido comenzó en la esquina de la Plaza de Santa Teresa, justo en la Calle San Juan de Dios, la cual me pareció hermosa por su aspecto romántico. De un lado tiene casonas donde funcionan tiendas de moda, artesanías y restaurantes. Del otro, está el Museo Naval y la Iglesia San Pedro Claver.

Girando a la izquierda, tomamos la Calle San Pedro que conduce directamente al Banco de la República. De allí, pasamos a la Calle de Las Damas, la cual me sorprendió por la belleza de los balcones con bellas flores tropicales. Una de las calles más pequeñas, pero no menos importante, es la de La Amargura, que conduce a la Plaza de La Aduana, donde está la alcaldía distrital. El cochero decidió hacer una parada en el Portal de Los Dulces, ubicado en la Plaza de Los Coches. No me arrepiento de haber deleitado un cuadrito de ajonjolí, una “muñequita” de leche y una bola de tamarindo, verdaderos manjares de la gastronomía cartagenera. Que delicia. Una de las mejores fotos del álbum de mis recuerdos la tomé en esta calle, con la Torre del Reloj de fondo.Luego de recorrer la Calle de Las Carretas, la Primera de Badillo, la San Agustín Chiquita, puede visualizar la Segunda de Badillo, la cual me condujo a la Plaza Fernández de Madrid, muy cercana a San Diego. Así seguimos calle por calle, hasta terminar en el punto de partida, después de recorrer la Calle de la Factoría, Playa de la Artillería y Calle del Triunfo.

Las paradas obligadas: el Palacio de la Inquisición, la iglesia San Pedro Claver, la Santo Domingo, la Catedral, el Teatro Heredia, la Torre del Reloj y las Bóvedas.

Me llamó la atención la Calle de Tumbamuertos o Tumbamuerto, llena de leyendas de duendes y fantasmas. Las más bonitas, según mis gustos, la Calle de la Inquisición, Nuestra Señora del Carmen, Baloco y Santos de Piedra. Todas se constituyen en lugares perfectos, llenos de romanticismo, donde se construyen placenteros e indelebles recuerdos.

5:00 p.m.

En cuanto culminó mi fascinante recorrido por las calles del centro, decidí saciar mi curiosidad y calmar mi sed. Como pude apreciar en todo el tour, en la mayoría de las concurridas esquinas, los vendedores convierten un gran molde de hielo en una refrescante bebida. De inmediato me acerqué al carrito más cercano y el nativo me enseñó que se trata de los tradicionales raspaos que se preparan en variedad de colores y sabores. Sin dudarlo solicité uno de limón, y con sólo raspar, regar el almíbar y adornar con leche condensada, mi bebida estuvo preparada en pocos segundos. Con la bebida en mano decidí marcharme al hotel a descansar y de nuevo recobrar energías.raspado

8:00 p.m.

Durante la rumba en “chiva”, me pude dar cuenta de que la ciudad de noche también es alegre y muy festiva. Éste recorrido a bordo de las tradicionales “chivas”, buses típicos pintados con llamativos colores, bar abierto y banda de músicos sentada en el medio, me llevó de bar en bar mientras tarareaban el vallenato o la champeta de moda. Partimos del sector turístico de Bocagrande, recorrimos el sector residencial de Manga, hasta el centro amurallado. Casi al final, disfruté de las especialidades de una fritanguera cartagenera y del espectáculo de bailes negros en lo alto de uno de los baluartes de la muralla, frente al mar y bajo las estrellas. El show lo cerramos todos bailando vallenato en esa muralla y luego, a la zona de la rumba de la ciudad, El Arsenal, donde permanecí hasta las 12 de la madrugada. Por el recorrido cancelé 45 mil pesos.

El arsenal cartagenaSábado

8:00 a.m.

La travesía de hoy es hacia la zona insular de Cartagena. Muy puntual llegué al Muelle y como ya había comprado el tiquete dos días antes en una agencia operadora de turismo, me acerqué a cancelar el impuesto de salida al Ministerio del Medio Ambiente. Luego, me subí a la embarcación que me llevaría hacia el destino que tanto había soñado, por cierto, uno de los más atractivos del mundo.

Fue todo un privilegio conocer este bello archipiélago y sus playas caribeñas. Muy bien merecida tiene la fama porque su belleza es extraordinaria. Toda una provocación.Islas de Cartagena Éste paraíso está conformado por 27 islas, ubicadas a 46 km de la ciudad. En mi recorrido pude ver que la isla más cercana es Tierrabomba, constituida por Caño del Oro, Punta Arena y Bocachica, indiscutiblemente hermosas. A medida que avanzaba el tour panorámico, me sorprendía cada vez más la blancura de la arena y ese mar verde-azul cristalino que apreciaba en cada isla.

11:00 a.m.

Una de las experiencias maravillosas que viví en éste recorrido por el Parque Nacional Natural Corales del Rosario, fue al llegar a las 11:00 a.m. a San Martín de Pajarales. Allí, en medio de ese paraíso que envuelve tantas sensaciones juntas, se encuentra el Oceanario Islas del Rosario, el más bello de la cuenca Caribe. Un lugar que contemplé y fotografié hasta más no poder. Bajo un sol resplandeciente, conocí la riqueza marina de nuestros mares, como tiburones, tortugas gigantes, delfines, diversidad de peces. Captó mi atención, así como la de todos los visitantes, el show de delfines y el de tiburones gatos. Por entrar al acuario cancelé $30.000.

1:00 p.m.

Aguas cristalinas, arena blanca y un horizonte infinito y azul. Así como la soñé, es Playa Blanca, que está en la zona turística de Barú. Me maravilló apenas contemplé mi destino final. Durante la tarde disfruté de todas sus bondades, así como de un delicioso y verdadero almuerzo típico: pescado frito, arroz con coco, ensalada, patacones de plátano verde y sopa de pescado. Después del rico almuerzo, me di un baño de mar y caminé a lo largo de 40 minutos descalza, pues no quise privarme de sentir esa arena suave debajo de los pies. El sueño culminó a las 3 de la tarde, cuando la embarcación comenzó a hacer los llamados con su bocina. A las 5 de la tarde llegué a la ciudad cansada, pero con la satisfacción de haber conocido un verdadero “paraíso”.10:00 p.m.

Las noches en Cartagena están llenas de rumba y bohemia. Pese al cansancio que me dejó la playa y el sol de las islas, mi curiosidad pudo más y fui a parar al sitio de reunión de los rumbómanos de todos los rincones del mundo que llegan a esta ciudad. En Getsemaní disfruté de su ambiente, su música, sus bebidas y picadas. Su impactante y colorida arquitectura se suma a sus muchos atractivos. Me quedé en la Plaza de la Trinidad, un sitio bastante original y autóctono donde locales y turistas se reúnen sin distinción. Plaza de la TrinidadDomingo

9:00 a.m.

Mi vuelo estaba programado para las 12 p.m. Por ello, antes de partir hacia al aeropuerto, fue imposible no regresar a fotografiar el cordón amurallado que rodea al centro de esa ciudad. Caminando sobre las murallas, y con la mirada detallando lo rústico de cada roca, comprendía que eran justas y necesarias para que Cartagena fuese, hoy lo que es. Estacionándome en unos de sus baluartes, en el de Santo Domingo, miré a la izquierda y me encontré con el horizonte dibujado por el mar Caribe, ahí estaba aquel cielo adornado de pájaros y engalanado por la Bahía de Cartagena.

Terminé mi recorrido en otro de los baluartes, en el de Santa Catalina, y mientras bajaba, pensé: son las murallas, las fortificaciones y los baluartes, los que narran la historia y, a la misma vez, dan a conocer a Cartagena. Al bajar, mi visita obligada fue a las Bóvedas, situadas entre los baluartes de Santa Clara y Santa Catalina. Visité las 23 tiendas artesanales que allí funcionan. Compré muchos regalos y todo tipo de recuerdos.

Artesanias-de-cartagena

Mi visita quedó en mi memoria y si es de recordarla prefiero venir y vivirla otra vez. Así culminé mi tour por Cartagena, ciudad que conquistó todos mis sentidos.
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