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Una Isla para disfrutar antes de irse de Cartagena

Allí en el Muelle de La Bodeguita de Cartagena, entre la multitud de viajeros, empieza mi aventura. 9:20 a.m. era la hora que marcaba el reloj cuando nos hacen el llamado para embarcar en “La Mar”, ese era el nombre de la lancha. “Vamos pa’ la playa a pasarla bien con los friends y si tu quieres venir pues ven tu también” cantaba emocionado el piloto de la lancha. De inmediato nos contagia a todos con su energía y seguimos la canción, “playa ya tengo mi short y mi toalla, y el que no quiera venir pues que no vaya” soltamos la carcajada y le ordenamos que estamos listos para arrancar.

Poco a poco se va quedando atrás el Centro Histórico, el barrio Manga, Bocagrande, los veleros, las grúas y contenedores de la Sociedad Portuaria, y la Bahía. “Yo salgo emocionado cada vez que voy para Isla Múcura, eso por allá es bien bonito” dice nuestro piloto con una sonrisa muy ingenua. Una fresca y fuerte brisa comienza apoderarse del ambiente, el color del mar se torna traslucido entre verdes y azules, se aprecia una fantástica formación coralina, el oleaje se va poniendo más fuerte nos hace brincar, el ruido del mar es el único sonido que se escucha en medio del camino.

Ya han pasado dos horas, hemos llegado a la hermosa Isla Múcura, es un lugar con sobredosis de belleza natural, todo un paraíso para el disfrute de turistas. Nos indican que hemos llegado “bájese y disfrute de este maravilloso lugar” dice aquel hombre que manejaba la embarcación.En un ambiente inhóspito, queda esta paradisíaca Isla, un remanso de paz para quienes anhelan pasar unos días de descanso en unión con la naturaleza, alejados del ruido de la ciudad, de la música y mucho movimiento.

“Bienvenido al fin del afán”. Con ese mensaje en un letrero ubicado en la entrada nos reciben, ya con eso me sentía relajada. La playa es tranquila y silenciosa. No hay mucha gente, algunos toman el sol y se refrescan con un coctel, otros leen un libro, unos más disfrutan del agua tibia y de escaso oleaje y otros dan un paseo en kayac. Llegó la hora de el almuerzo y nos reunimos en el restaurante Alcatraz: un bufé lleno de frescos y exquisitos frutos del mar: pescados como pargo, sierra o mero; langostinos, pulpos y caracoles.Si eres viajero aventurero vas a preferir darte una pasada por el puesto de Los Fritos de Olivia, una nativa famosa por preparar las mejores arepas de huevo de la región.

En la noche, después de la cena, optamos por ir al bar de la playa, acostarnos en las sillas playeras mirando el infinito mar, bajo un noche estrellada y degustar un delicioso coctel. El día no es suficiente para disfrutar de todos los atractivos naturales que este lugar tiene para sus visitantes, por eso en este paraíso lo mejor es pasar la noche y ver los hermosos amaneceres que se asoman a las 5 a.m. acompañados del sonido de los pájaros y una zona de palmeras envidiables. El regreso es lo más triste, a las 3 p.m. cuando indican que tenemos que embarcarnos en la lancha de vuelta a Cartagena se nos arruga el corazón por dejar este hermoso paraíso.
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