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Aviario Nacional da la pelea en cuarentena

Alas en cuarentena para que la magia siga volando, no es el verso de un poema. Es el clamor y la campaña que busca salvaguardar 1.700 aves y 170 especies que están en el Aviario de Barú, cerrado desde el pasado 17 de marzo.

El aviario se mantiene en pie, contra viento y marea, pero en esta prolongada cuarentena requiere de la solidaridad decidida y desinteresada de todos los cartageneros y colombianos en general. Ahora son los pájaros los que claman para que los seres humanos tiendan las manos. Es el Aviario de Barú, bajo la dirección general de Margy Bayter Rey, y la vigilia amorosa y emprendedora de Silvana Obregón, la hija del maestro Alejandro Obregón, su nieto Martín Pescador Vieira Obregón y todo el equipo humano y técnico que los acompaña. Oceanario Cartagena: ¡no se detiene! Flamengos en el Aviario Nacional de Colombia en Barú, Cartagena de Indias.jpg Desde que empezó la cuarentena, este patrimonio de la fauna colombiana permanece cerrado, sosteniéndose de milagro gracias a la voluntad de esta mujer aguerrida que es Silvana Obregón, quien capitanea este barco.

“No he tenido cabeza para nada en estos momentos tan difíciles. El día del centenario del natalicio de mi padre solo pude llorar por mi hermano Rodrigo, que murió soñando con que la casa de nuestro padre se convirtiera en Casa Museo Alejandro Obregón. Tampoco he tenido tranquilidad para celebrar los 60 años del Ballet de Colombia, fundado por mi madre, Sonia Osorio”. La naturaleza de Bolívar se recupera en cuarentena.

Al despertar cada mañana, Silvana piensa en la hazaña diaria de alimentar 1.700 aves y sostener a 22 empleados de la zona insular (Ararca, Barú y Santana), en un aviario que se sostiene con la entrada de 50.000 turistas al año y el apoyo de amigos y empresas solidarias. Mantener esas siete hectáreas que abarca el aviario, abierto al público desde el 1 de febrero de 2016, cuesta 190 millones de pesos mensuales, precisa Margit Bayter Rey, quien explica que los primeros meses de la cuarentena el aviario se sostuvo con unos ahorros que estaban destinados a la inversión en este patrimonio de la fauna colombiana, que es el segundo aviario más grande de América Latina y el sexto en el mundo. Aviario Nacional de Colombia en Barú, Cartagena.jpg La Fundación Aviario Nacional de Colombia en Barú, bajo la presidencia de Silvana Obregón, expresa que sostener esta hazaña fantástica es cada vez más compleja, no solamente por las obligaciones laborales, el mantenimiento físico del aviario y la manutención y cuidado de las aves y los gastos fijos que no dan espera cada día,  sino también por las condiciones generales de un momento tan difícil como es la pandemia por el nuevo coronavirus que vivimos y amenaza con desestabilizar los proyectos contemplados.

En estos cuatro años, el aviario ha recibido un promedio anual de 50.000 personas que son, en su gran mayoría, visitantes extranjeros, “quienes seguramente se demorarán varios meses en volver a visitarnos”. Pero, además de eso, el aviario ha abierto una intensa y dinámica conexión con ambientalistas locales y nacionales, y con investigadores interesados en preservar las especies de aves colombianas. Aviario Nacional de Colombia en Barú, Cartagena Tiéndele la mano a los pájaros

El primer apoyo en persona lo recibieron del gobernador de Bolívar, quien llevó un carro tanque. El aviario tiene dos lagos, pero no tiene acueducto. Llevó, además, frutas, carne, medicamentos para las aves y concentrado. También Gilbert Thieriez se presentó en estos días con una donación de pescados, al igual que el Consorcio de Carreteras de Montes de María, Corporación para el Desarrollo de Playa Blanca en Barú, Solución Proyectos S.A.S., donaciones de Frigorífico Turbaco, Hotel Las Islas, Acuacultivos El Guajaro, entre otros. Todos ellos han acudido al llamado de salvaguardar las especies nativas, algunas de ellas amenazadas de extinción, como el águila arpía y el pajuil piquiazul. El llamado no solo es a empresarios, sino a ciudadanos en general, para fortalecer la misión socio ambiental de esta reserva natural y de aves.

Se ha dinamizado una campaña sensibilizadora en redes para incentivar las donaciones y los apadrinamientos de aves. Hasta la fecha no se ha prescindido de ningún trabajador, aunque no haya ningún flujo económico porque el aviario está cerrado, pero las actividades internas siguen iguales desde antes de la cuarentena, pero con el riesgo de la sostenibilidad de su inmenso y ejemplar proyecto de conservación del cóndor de los Andes, el águila arpía y el paujil piquiazul, un ave endémica colombiana en peligro de extinción. El aviario está posibilitando que nazca un nuevo cóndor de los Andes y un águila arpía, pero la que tiene es hembra y están consiguiendo un macho.

Silvana me cuenta que su hijo Martín Pescador hizo una extraordinaria exposición de ocho búhos. Cóndores en el Aviario Nacional de Colombia en Barú, Cartagena de Indias.jpg Los cóndores

Hace poco la pareja de cóndores, que perdió a su pequeña criatura en 2019, tuvo un nuevo huevo que resultó infértil. Silvana dice que seguirán intentando que se reproduzcan, tal como lo lograron la vez pasada, en condiciones difíciles. Será un doble triunfo para celebrar los cien años del natalicio de su padre Alejandro Obregón, cuyo dibujo del cóndor realizado en medio de una llamada telefónica, en un pequeño papel, sirvió para imagen y logo del aviario. El padre arrugó el papel y lo echó a la basura, pero Silvana lo salvó de la caneca. Y era un cóndor perfecto.

Epílogo

Los pájaros viven en este reino de siete hectáreas y cada día los 22 empleados recorren el aviario a ver cómo amanecen, qué les hace falta, qué se requiere. Los pájaros sueltan su vocerío en la otra soledad que han dejado los seres humanos. Y sus voces son más agudas y claras. Aviario Nacional de Colombia en Barú, Cartagena de Indias.jpg El aviario es ahora un concierto de voces de día y de noche. Bajo el invierno estallan los colores de las flores. Se acentúan los colores de alas de los pájaros y, en los cortejos del día y la noche, los pavos reales intensifican el esplendor de sus azules aguamarinas en sus plumajes. Los pájaros conversan entre ellos mismos, con un fulgor de alas en cuarentena, mientras regresan los visitantes. Más artículos sobre Cartagena de Indias.

Texto de Gustavo Tatis para El Universal.
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