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Isla Grande, tranquilidad y belleza natural

Un mundo fascinante. Con esas palabras intento resumir lo que significa Isla Grande, ese lugar privilegiado, donde la naturaleza es el más apreciado atractivo.

Un bello edén, donde una suave brisa refresca el ambiente, donde las playas son de arena blanca, donde se aprecia una fantástica formación coralina, donde se refleja un mar de oleaje ínfimo y de tonos azules y verdes, generando un contraste reconfortante a la vista y al espíritu.

Como su nombre lo indica Isla Grande es el área de mayor extensión de las Islas del Rosario. Tiene alrededor de 200 hectáreas, y en ella se encuentran los tres ecosistemas característicos de las islas: las lagunas costeras e interiores, los manglares y los bosques muy secos tropicales. Un sendero ambiental permite conocer de cerca los recursos naturales de cada uno de ellos.

Manglar y aguas cristalinas de Isla Grande

La aventura

Martes 12 de febrero

Allí en el Muelle de La Bodeguita de Cartagena, entre la multitud de extranjeros, nos encontrábamos Fer, mi reportero gráfico y yo. Impacientes por salir a nuestro destino caminábamos de un lado a otro y exactamente a las 9:00 a.m. escuchamos el llamado para abordar. Fuimos los segundos en embarcar, seguidos por chilenos, europeos, estadounidenses, argentinos...

A las 9:16 minutos partimos y poco a poco dejamos el Centro Histórico, el barrio Manga a nuestra izquierda y Bocagrande a nuestra derecha. Las nuevas edificaciones de El Laguito, los veleros, las grúas y contenedores de la Sociedad Portuaria, los buques portacontenedores, embarcaciones repletas de turistas hacia las islas y la imponente Bahía, todo quedaba atrás.

Poca brisa, el sol más resplandeciente que nunca. Allí íbamos en lancha rápida disfrutando del viaje que nos llevaría a Isla Grande.

Lo primero que divisamos fue Tierrabomba, isla colmada de manglares y casas con características propias de un pueblo olvidado o estancado. Ya a esa distancia el color del mar se va aclarando y van apareciendo uno, dos, tres, cuatro, cinco y hasta perder la cuenta, del número de pescadores en canoas de remo en plena faena.

Aguas color turquesa de TierrabombaA las 9:37 de la mañana dos fuertes nos dan la bienvenida en Bocachica. El de San Fernando a la derecha y el de San José a la izquierda. Ambos fueron construidos por los españoles para resguardar la ciudad en épocas de ataques. El más alto disparaba a la parte alta de las embarcaciones del enemigo y el pequeño atacaba las bajas.

Detrás del Fuerte de San José se aprecia Barú, la segunda isla más grande de Colombia, tan grande que nos acompañó en todo nuestro recorrido. Al pasar en medio de los dos fuertes nos adentramos a mar abierto. A esa distancia nos hacía falta solo 30 o 40 minutos para llegar a las Islas del Rosario. El azul del mar debilita el verde y el color blanco de las olas que se forman por el paso de las embarcaciones.

A las 10:09 vuelve a cambiar el color del mar de azul a verde claro y de inmediato llegamos al Parque Nacional y Coral Islas del Rosario. De cerca el agua verdeazul se torna tan transparente que permite apreciar las formaciones coralinas. Atrás quedó Isla Caguamo (antes Isla Tortuga), a la derecha Isla Bonaire, después Isla Arena y delante de nosotros Isla Pirata, donde nos hospedaríamos y a espaldas, nuestro motivo del viaje, Isla Grande, el lugar que “hechizó” al pintor francés Pierre Daguet, quien hizo de ella su casa, su lugar de trabajo y la esencia de su vida.

Islas del RosarioEn Isla Pirata una escultura de sirena plantada dentro del mar nos da la bienvenida de lo que promete ser dos días en el paraíso. Luego de la bienvenida –con frutas tropicales aceleramos nuestra salida hacia Isla Grande. José María, nuestro conductor de la lancha rápida nos dejó a la orilla de la playa conocida como Gente de Mar. Allí iniciamos a pie nuestra aventura.

Recorremos Gente de Mar. Sus playas se comparan con un paraíso. Un hermoso pavo real posa a nuestro fotógrafo. Las flores como viuditas y coralitos de diferentes tonos, contrastan con el verde de la frondosa vegetación del lugar. Muy cerca apreciamos la casa de la famosa y fallecida actriz y directora de teatro Fanny Mikey.

Con la compañía de un nativo como guía turístico, quien presta sus servicios a cambio de una propina voluntaria, tomamos un camino que los propios probladores de la isla abrieron a través de los años. Se trata de un sendero ecológico por donde pocos se atreven a adentrarse en las profundidades de un bosque que protege matas de plátano, palmeras, bongas, quebrachos e infinidades de árboles de papaya en plena cosecha y los llamativos arbustos de chonta cargados de esa semilla que es utilizada para hacer sonar las maracas.

Isla Grande es mucho más que mar. No todos sus visitantes tienen el privilegio de conocer la mágica belleza de sus lagos de agua salubre, ni los senderos ecológicos.

Túnel del Caiman, túnel natural hecho de manglares

La Laguna Encantada

Diez o quince minutos después llegamos a Laguna Encantada, un mundo silencioso y calmado que se esconde detrás del mar y de selvas de mangle rojo. Llama la atención que está conectada al mar.

Ese cuerpo de agua salubre, como las otras, se constituye en guarida de especies marinas como peces, cangrejos, camarones, caracoles, medusas y en sitio de descanso y alimentación de aves migratorias como la tanga y el pato barraquete.

Se le llama Encantada por su luminosidad cuando se nada en ella por la noche. Se dice que con solo frotar el agua se logra ver su luminosidad, pero lo mejor es lograrlo con los movimientos que producimos a medida que avanzamos en el agua. Al parecer los destellos provienen de las algas que en la noche producen una luz brillante.

Permanecimos “encantados” en el viejo pero firme muelle de madera por espacio de 20 minutos. Aquí reina la paz, la tranquilidad y ante todo, la seguridad.

Salimos por el camino principal en donde predominan los árboles de higo y a pocos metros divisamos decenas de palmeras y especies de cabañas pertenecientes a un hotel. Lo curioso es que a todos los lugares entramos sin ningún problema. Ninguno tiene portones, paredes o encerramiento que impidan el ingreso o su libre transitar.

De nuevo ese mar de fondo es lo primero que enfoca nuestra vista y es maravilloso lo que vemos. Parece un lienzo recién pintado. Un mar que encanta y una playa perfecta para pasar toda la vida.

Este sector conocido como Majagua está lleno de turistas, la mayoría están entretenidos leyendo o simplemente contemplando atónitos -como nosotros- el panorama.

Panorama de la Isla del RosarioAllí decidimos seguir nuestra hazaña por la orilla del mar. Caminamos en medio del agua apartando escollos de arrecifes coralinos hasta llegar a otros muelles que nos conducen a alguna que otra casa privada o a un hotel. Pasamos sin ningún problema o impedimento y volvemos a bajar a la playa. Tres muelles y en cada extremo tres chozas o kioscos y la inmensidad del mar hacen de este, el lugar perfecto para contemplar, bucear y apreciar el impresionante mundo submarino y la belleza de sus arrecifes coralinos.

Pasadas las dos de la tarde nuestro lanchero nos recoge. A nuestro paso encontramos a tres pescadores que a esa hora retornaban a sus hogares con barracudas, mojarras y pargos que en ocasiones comercializan en los hoteles del sector.

Al llegar al hotel donde nos hospedamos saboreamos un rico almuerzo caribeño: mojarra frita, ensalada verde, arroz con coco, patacón de plátano verde y sopa de pescao.

La marea alta nos obliga a quedarnos en este islote y continuar nuestros planes al día siguiente.

Los atardeceres en el Parque Natural Islas del Rosario son un sueño. Y ni qué decir del anochecer. Aquí las estrellas y la luna brillan con más intensidad.

Atardecer en las playas de las Islas del Rosario

Miércoles 13 de febrero

Llega la mañana del 13 de febrero y con ella un nuevo programa para este día que inicia con un paisaje de ensueño de un bello amanecer. Emprendemos el viaje hacia Isla Grande, con la idea de llegar hasta el pueblo y palpar de cerca sus costumbres.

José, nuestro lanchero, nos deja en un muelle y con una vana explicación nos dice que retomemos por Los Cocos o La Coquera el camino principal y poco a poco nos adentramos por caminos menos demarcados y que en una que otra ocasión nos conducen a la casa de alguien... Después de andar un poco entre el bosque contemplando la vegetación y las iguanas, nos encontramos a una familia chilena. Con ellos venía un nativo de guía. Y por supuesto, nos unimos al grupo.

El nativo, además de guiar a los turistas, va advirtiendo a cada paso el nombre de los árboles como la majagua, el totumo, el higuito, el matarratón y el guásimo, entre otros.

Continúa nuestra ruta ecológica

Isla Grande esconde otro mundo mágico que poco a poco vamos descubriendo. De espaldas al mar está el caserío o pueblo de pescadores de 1200 habitantes. Por allí atravesamos y este espacio lleno de casas de colores, algunas de madera y pocas de concreto; niños por doquier, calles destapadas, canchas deportivas olvidadas, unas pocas tiendas, cercas de palo -muy pocas o casi ninguna pared de concreto- y mucha gente sonriendo a nuestro paso. Nos llama la atención una diminuta gallera. Desde este terruño divisamos la Isla Presidencial y hermosas vistas del mar.

El pueblo lo atravesamos en 20 minutos. Separándonos del grupo de chilenos, retomamos nuestro camino de bosque nativo y como preguntando se llega a Roma, aquí estamos una vez más Fer y yo en medio de ese mundo donde la vegetación es nuestra única compañía.

En el camino muy pocas casas, iguanas asustadas y uno que otro nativo, amables como todos. Caminamos de un lado para otro y aunque el cansancio se apodera de nosotros, nunca desistimos por encontrar ese lugar del que tanto se habla en toda la isla, y que sus pobladores reconocen como aviario en Palmar.

Palmar

A paso lento y preguntando de predio en predio llegamos a Palmar y para sorpresa de todos hace parte del proyecto Aviario Nacional de Colombia ubicado en Barú.

Palmar es el centro de reproducción de las aves de ese aviario. Allí llegan todas las especies nativas y exóticas, incautadas por la Policía o por las autoridades ambientalistas. En este sitio se les garantiza también un mejor nivel de vida, bajo estrictas medidas de conservación. Luego de la reproducción, las aves son trasladadas al Aviario que pronto los turistas podrán visitar. El proyecto tiene hoy en día 1700 especies, algunas en vía de extinción que regresarán a su hábitat.

Laguna del Silencio

A la 1:30 p.m. salimos de Palmar en lancha y otro cuerpo de agua salubre que encontramos en nuestro recorrido es la Laguna del Silencio, atestada de aguamala.

La laguna conduce a un túnel en medio de un espeso manglar. Dentro de sus sistemas de raíces sumergidas, muchas especies de peces, crustáceos y moluscos encuentran protección y alimento. Es el sitio ideal de los pescadores.

Quienes vayan a Isla Grande podrán, como nosotros, disfrutar de sus hermosas playas de arena blanca, un majestuoso mar verdeazul, y también de la mágica belleza de sus lagos de agua salubre y paseos ecológicos en medio de bosques secos tropicales.

Aquí finaliza nuestra aventura por este mágico lugar que recomendamos a todo viajero que llegue a Cartagena.

En Isla Grande sí hay un mundo para conocer.

Cómo llegar a Isla Grande

Rutas Terrestres

Cartagena - Vía Mamonal. Pasando por Pasacaballos donde se toma un ferry para atravesar el Canal del Dique y luego continuar por carretera destapada hasta Playa Blanca o al poblado de Barú. Allí se toma una lancha hasta Isla Grande.

Ruta Marítima

En Cartagena se toma una lancha, el precio varía si es pasadía o si es con estadía, y en menos de una hora se llega si es en lancha rápida. Se debe cancelar por aparte del impuesto de salida cuyo valor es 12 mil pesos.
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