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Recorrido por las paradisíacas playas de Cartagena

Después de muchos meses de arduo trabajo, solo pensaba en unas cálidas y merecidas vacaciones en Cartagena de Indias. Por fin llegó el día, tomé vuelo de madrugada para no desaprovechar ni un segundo, pues solo tenía una semana para disfrutar los placeres de La Heroica.

Llegué a Cartagena a las 6:30 a.m. Estaba emocionada, pero luego del largo viaje me sentía cansada, así que necesitaba un lugar tranquilo para tomar el sol. Por recomendación de una amiga, me dirigí a Playa Hollywood, en Bocagrande, sin embargo la idea de ‘lugar tranquilo’ no era del todo correcta, esta playa tiene el nombre bien puesto; desde que uno llega se siente una estrella de cine. Por un lado, los carros a pocos kilómetros de la arena del mar y los lujosos edificios. Por otro, la brisa, el sonido de las olas retumbando en tus oídos, como invitándote a entrar al agua. Disfruté de principio a fin. Playas-tropicales-de-Cartagena Al siguiente día, luego de recorrer la ciudad amurallada, volví a playa en la tarde con un grupo de amigos. Déjenme contarles que lo que vieron mis ojos no tiene comparación. Fuimos a la playa de Castillogrande, nos dio tiempo para alquilar unas sillas, comprar algo para tomar y sentarnos bajo de una palmera. En cuestión de segundos el cielo cambió, brindándonos un show mágico al vestirse con tonos rosados, naranja, azul celeste y amarillo. Esos son los momentos que te hacen amar la vida, estaba enamorada y no quería irme, pero se hizo de noche y tuvimos que partir.Atardecer-en-Cartagena El jueves me alisté muy temprano, quería degustar un exquisito plato típico de la Costa Caribe, así que me fui a un restaurante ubicado en una amplia playa llamada Blas El Teso donde almorcé una deliciosa mojarra, arroz de coco, patacones, ensalada de aguacate, y la infaltable agua de panela.

Solo me quedaban dos días más en una ciudad que no hacía más que fascinarme. Mi cuerpo pedía más agua salada y sol, así que para finalizar elegí El Laguito. Me senté en una carpa y me dejé consentir por dos masajistas. En mi último día, decidí ir a un lugar más calmado, Manzanillo del Mar. Una playa no tan concurrida como las demás. Me quedé horas allí, inmóvil, siendo una con la naturaleza, escuchando mi interior, reflexionado y en cierta forma desintoxicándome de la rutina diaria. Llegó la hora de regresar a casa. En mi maleta no traje más que todas las cosas bonitas que me dejó Cartagena de Indias, momentos, recuerdos, sol, playa, arena y sobre todo, mucha magia y diversión.
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